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lunes, 11 de abril de 2016

PROFESOR SE ESCRIBÍA CON "P" MAYÚSCULA

¿LEO Y APRENDO... O MEJOR LE DOY AL BOTÓN?


Esta creo debe ser la disyuntiva a resolver por los estudiantes de hoy.
Para explicar el tema, prefiero hacer una breve síntesis de la historia reciente de la educación.
Al Profesor se le respetaba por si mismo. El alumno aprendía.
SIGLO XX: cuando yo estudié (y antes) el tema no era tan complicado (y ahora tampoco). Estaba el Profesor, con P mayúscula. Y luego los alumnos. El trato reconocía la natural jerarquía de quien enseñaba y del que aprendía. El Profesor era un guía viviente, frente a nosotros, con quien podías plantearle, a veces, hasta tus temas personales de adolescente en formación, más allá de la materia específica, que dictaba. Estaba allí. Y uno con todo respeto, le hablaba y le escuchaba. Lo que el “profe” decía se podía discutir, pero desde el conocimiento, no desde la verborrea. El Profesor no era tu amigo del café. Era una persona que sabía, que tu reconocías, que tu respetabas y que luego de acabado el tiempo lectivo, o lo seguías viendo o te quedabas con el recuerdo de sus consejos. Ni más ni menos.Toda tu vida.
El sistema de enseñanza era que tomabas apuntes, anotabas pulcramente los libros que recomendaba; en la Biblioteca y/o en tu casa los leías. Luego presentabas tus conclusiones al profesor que las evaluaba y te ponía una calificación o nota. También había exámenes orales donde debías explicar sin ayuda de papeles ni de textos tu saber. Solo tenías al Profesor y una pizarra donde desarrollabas el tema. Y tus compañeros que escuchaban con atención y en silencio. Te esforzabas.
Normalmente concurrías a Bibliotecas porque el ambiente allí era de silencio y motivaba a leer, concentrarse. Recuerdo inclusive alguna biblioteca en mis años, donde se podía fumar. Además del humo, se respiraba concentración y respeto por las tareas.  
El bibliotecario era un aliado. Eran unas personas cultas, sonriente en general que te fomentaban la lectura, porque “él lo había leído” y te interesaba en el desarrollo del libro que te llevabas a veces a casa y tenías que devolverlo impoluto en la fecha convenida. No era un Administrativo despacha libros. Era un consejero cercano.
A veces, se te pasaba por olvido la fecha de entrega y él lo dejaba pasar con un aparente gesto de molestia, pero nunca de odio. Y hasta a veces, ponía, luego de guiñarte el ojo, en la ficha del libro la fecha de hace dos días atrás cuando debías haberlo devuelto sin penalizarte… Estabas frente a gente, no a ordenadores útiles pero fríos e implacables.
El Profesor era un apoyo en nuestro crecimiento.
Ahora: el criterio cambió mucho; el profesor se escribe con minúscula a todo efecto. No es una autoridad natural basada en el conocimiento y en el respeto que se le debe tener. Se lo tutea, el alumno cree que es un amigo, un poco más adelantado y no se produce la magia que significaba (y significa) lo que se llama “transferencia. 
Y es un error. Porque el docente está para dar conocimiento, ser escuchado y cuando se sepa algo, discutido. 
Por mi experiencia como Docente Universitario he sufrido este tipo de situación. Se sobre entiende que el alumno es el que debe con serenidad, respeto y esfuerzo, aprender. 
Cuando se confunde esta sencilla ecuación el sistema tambalea a la sola espera que un viento suave lo tumbe. 
Si a eso le agregamos que ahora el estudio suele tener una palabra mágica GOOGLE, comprendemos que el esfuerzo del estudiante ha bajado a límites insospechados. Salvo en los doctorandos, la búsqueda de conocimientos en libros se ha reducido casi un 90%. 
En las bibliotecas el interés es que haya WIFI. Los empleados están sentados en un ordenador e indican fríamente al alumno o al lector en qué estante se encuentra lo que necesita. Ya no te lo da el libro en la mano como antes, con un consejo o un comentario que siempre se agradecía. Firmarás en una pantallita y a tu casa…o a la mesa del lugar. 
Creo que no por ser yo una persona mayor, evalúe que este cambio negativo consigue hacer olvidar que los conocimientos están derivados por partes iguales del esfuerzo tanto del Profesor como del Alumno. Donde es el alumno el que debe esforzarse humildemente para aprender y recordar la materia.  ¡El Profesor ya lo hizo antes!
Estoy totalmente seguro que Google y otros portales funcionan como las antiguas Enciclopedias generales. Y sé que es mucho más sencillo encontrar casi todo en ellos con mucho menos esfuerzo que sacudir el polvo juntado en el volumen, buscar un índice y encontrar el artículo. 
Pero ese tiempo que ya no se pierde, va en desmedro de lo que mentalmente reflexionábamos hasta encontrar el dato que necesitábamos. Y era útil.
La informática: ¿amiga o enemiga?
Además pareciera que la enseñanza pasa por una pantalla y no por la persona que sabe. Soy de los que me encantaría saber cuántos aprendieron por ejemplo un idioma frente a una pantalla, llena de colores y dibujos y poco texto. ¡Esto puede servir para enganchar incautos que creen que un idioma se aprende frente a un monitor del que sale una voz meliflua y que tú por solo verlos y escuchar aprenderás algo! Te aburrirás pronto de los dibujitos, de los textos, de la repetición de tus respuestas que nadie escucha, verás que tus progresos son escuálidos y al cabo de muy poco tiempo mandarás al demonio el sistema y buscarás un sitio donde encuentres una persona de carne y hueso, que te hable y enseñe. Y ahí SI APRENDERÁS. Si lo necesitas, claro. 
Luego buscarás un portal donde vender la Colección de CD “milagrosos” de aprendizaje seguro de idiomas en 3 semanas…y aparecerá otro incauto que te lo comprará por la 3ª parte de lo que gastaste.
En síntesis: sin esfuerzo, sin transferencia docente de una persona que te enseñe y te guíe, mal lo tendrás si realmente quieres aprender. 
La autoridad del Profesor es y seguirá siendo INDISCUTIBLE
¡Ahora si quieres perder el tiempo, no te esfuerces y no lo dudes; aprieta el botón y listo!

jueves, 7 de abril de 2016

EL INVASOR



EL INVASOR

Hacía poco tiempo que su mujer lo notaba raro. Tal vez, pensó, algún mal amigo lo influía.
Pero no fue una amistad buscada. Se presentó o como decía su esposa: -“apareció”.

No fue de fácil aceptación para nadie, pero él parecía no darse cuenta, ni darle importancia.
Poco a poco, nuestro personaje fue perdiendo iniciativa, mientras el otro las tomaba.
Día a día se entrometía más en la familia.

Era cansador. Realmente muchas veces hacía perder la paciencia.

Querían alejarlo de ese indeseable que estaba cambiando al hombre que todos habían conocido. Pero no se podía hacer casi nada.

Se les dijo que había que tener templanza, que no había que bajar los brazos; que así como nadie lo buscó, no se iría más y que habría que considerarlo ya como un miembro de la familia, para desgracia de casi todos. Porque eso, no tenía solución.

Él no se daba cuenta de casi nada. Vivía como en otro mundo, sin preocupaciones, en silencio. Casi sin memoria. Sin tensiones.
Y casi sin afectos. No recordaba nada. Ni de su trabajo, ni de sus hijos, ni de sus nietos.
Sólo parecía compartir algo con ese indeseable…

El afecto y respeto que había ganado en su familia a lo largo de los años, se perdía irremediablemente; semana a semana. Su pasividad y desinterés agotaba. No era el mismo.
Su mujer ya también parecía otra y desmejoró su salud. Había perdido hasta las ganas de vivir. No podía creerlo. Su hombre, con quien había fundado la familia y educado sus hijos; que había sido toda actividad, fuerza y coraje, convertido en una especie de mueble sentado, con la sonrisa perdida o un rictus indescifrable pero triste.

Hizo una reunión con toda la familia y tomaron la decisión.
 
No podían sufrir más. Habían perdido la batalla contra el INDESEABLE INVASOR, que también se presentó y dijo su nombre: Alzheimer.

sábado, 2 de abril de 2016

CADÁVERES INSEPULTOS



GRANDES ENIGMAS NUNCA RESUELTOS


Los calcetines en la lavadora de ropa: alguien tiene que desentrañar este misterio. Seguro estoy que varios Servicios Secretos luchan por resolver este enigma, pero no hay a la fecha progresos.

Confiese si nunca le pasó.
Ponemos en la lavadora dos pares de medias o calcetines. Uno por ejemplo, de color azul; inmediatamente otro de color rojo.

Representación iconográfica del enigma.
Verificamos concienzudamente que ambos pares, es decir 4 unidades, estén puestos en el tambor. 

Ubicamos las otras prendas. Por precaución y al final, sacamos los 2 pares y los ponemos arriba de toda la ropa, para estar nuevamente seguros. Cerramos la tapa y se inicia el proceso.

Cuál no sería nuestra sorpresa que al sacar la ropa ya lavada, buscamos y rebuscamos y sólo aparecen 3 unidades. Es decir que por arte de magia desapareció un calcetín. 
Entonces consultamos con nuestro compañero/a. Viene. Se agacha, hace girar a mano el tambor y nada. No aparece nada. – ¿Desapareció otra vez? nos pregunta con cara incrédula. Y nosotros, yo o Ud., respondemos con cara increíble: - ¡en efecto! y exponemos las pruebas: 2 calcetines rojos y uno azul.

Entonces aparecen las hipótesis:

  1.  puede ser que el tambor de la lavadora, esté conectado al agujero negro donde desaparecieron los aviones del triángulo de las Bermudas en la 2ª guerra mundial.  
  2.  Se supone la existencia de un gnomo come-medias, escapado del bosque cercano, que habita en la lavadora. 
  3. Se dice que la lavadora perteneció a un viejo mago cuyo espíritu continúa realizando el viejo truco de hacer desaparecer cosas. 
  4.  Una extraña fuerza magnética los atrae a éstos versos sueltos, hacia el espacio exterior. 
  5.  O que los calcetines pertenecen a un partido político anarco-independentista y uno de ellos decide escaparse por un agujero secreto hacia la libertad.
  6. Que la lavadora tiene hambre y se come sólo uno porque está a dieta.

6      U otras parecidas.

Lo cierto que sea por éstas posibilidades u otras, el calcetín faltante no aparece. Ni aparecerá. Le digo más, en mi experiencia personal, he puesto a los pares haciendo un fuerte nudo para que no pudiesen separarse. Inútil. Uno no está y el otro quedó triste e inútil esperando su próximo final.

Cadáveres insepultos esperando su entierro.
Y es inútil su esperanza de reencontrarlo. Aunque comprensible.

Por eso considere hacer el duelo de ese calcetín faltante y de todos los demás que pondrá de futuro en la misma máquina, con la misma ilusión, para luego enfrentarse a la cruda realidad de su desaparición.

Por eso, no mantenga sus pares desparejos. Le aseguro que jamás volverá la pieza faltante.

Quítese el hermano gemelo del desaparecido apenas pueda.

No es bueno convivir con cadáveres insepultos.

miércoles, 9 de marzo de 2016

DESCUBIERTO LO QUE MUEVE EL MUNDO



LA ESPERA Y LO QUE MUEVE EL MUNDO



No es fácil esperar. 

En verdad los humanos, gente como Ud. y yo, nos pasamos esperando demasiado tiempo durante nuestra vida.


Esperamos encontrar el amor, el trabajo, la terminación de los estudios, el café en el Bar, el hijo que viene de camino, la mujer o el compañero que está de compras en el Súper; el proyecto ese que nos representará trabajo por mucho tiempo…

 

En todas partes esperamos.

Pero me quiero referir a la espera de la ilusión.


Esta espera no nos abandona a lo largo de nuestra vida entera. Tenemos ilusiones que pocas veces se cumplen y que la mayoría seguro no se cumplirá.


Ahora, qué bien nos sentimos cuando llega el cumplimiento de alguna ilusión!

La vida nos sonríe aunque más no sea por un rato; vemos las cosas cotidianas con otro cristal, se parecen facilitar a cada paso…


Todo lo que nos pesa, como si fuese magia…se aliviana. Todo lo que nos molesta, desaparece. La sonrisa se nos queda estampada en nuestra cara que, la mayoría de días, nos hace parecer más la representación gráfica del escepticismo. Mejora nuestra salud mágicamente.


Con la ilusión nos convertimos en optimistas irredentos. Y estamos como iluminados!


Esta situación de la ilusión, además y hay que hacerlo notar, es gratis!


Son de las pocas que podemos recibir sin pagar peaje. Porque la ilusión depende sólo de nosotros, y de nadie más. Incluso si se trata de un afecto, aunque no sea correspondido, es algo que vitaminiza, que estimula, y que a veces hasta te pone como si fuese en otra frecuencia!


Los amigos y compañeros de trabajo, se dan cuenta. Todo mejora. Tus relaciones. Tu salud.Todo.

Por eso creo que ésta sensación es la que mueve el mundo.


No creo exista nada, que tenga más "alimento" para el ser humano.


Para terminar, creo, que salvo enfermedad, la muerte final la decidimos en el preciso instante que perdemos la ilusión.


Porque ella es el proyecto que nos mantiene vivos. Apuesto que a lo largo de la vida, todos tuvimos muchas pequeñas muertes derivadas de esa pérdida.


Pero no olvidemos; la ilusión es gratis; pero debemos buscarla con perseverancia! 

De encontrarla, cada tanto, depende nuestra felicidad, en estos tiempos que nos toca vivir.